Mostrando entradas con la etiqueta recomendados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recomendados. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de enero de 2023

Lecturas que se tocan

Los últimos meses vengo trabajando mucho, en un proyecto que me absorbió como pocos (y que podré compartir ya en unas semanas, si todo va bien). Esto hizo que leyera poquísimo por fuera de lo que tenía que leer por trabajo. 

Como se va cerrando, y simbólicamente el fin se acercaba al fin de año, a modo de ritual y para tratar de despegarme de a poco, decidí empezar por algo modesto para conectar con (casi) otras cosas: un artículo. 

Elegí The Carrier Bag Theory of Fiction, de Ursula K Le Guin. Por varios motivos, pero uno enorme es que confiaba en que los ensayos de Le Guin siempre me resultan poderosos, movilizantes (en el sentido de mover ideas, algo así, no sé si hay una palabra para eso. Cuando leo ensayos de Le Guin me parece escuchar los engranajes de mi cerebro haciendo ruido). Otro motivo más mundano es que tenía el artículo abierto en el navegador desde hacía meses y poder ir cerrando ventanas era parte de ir cerrando el año y los proyectos. 

Es -claro, no defraudó a mis expectativas- un ensayo breve pero potente. Me dejó con ganas de más, incluso. De repreguntar, de una edición anotada que se explaye en las referencias. Me dejó pensando en eso de la otra historia, la que escriben los (¿las?) perdedores... no es la palabra exacta "perdedores" porque no está planteado en esos términos creo (si mi inglés y mi cansancio de fin de año no me engañan). Sino la posibilidad de otra manera de pensar la historia, las historias, desde una óptica feminista tampoco en el sentido militante (o sí, que es necesario) pero más bien en el sentido de todo lo que no vimos, lo que nos perdimos por mirar/escuchar/contar desde un solo lugar: el del conflicto, el de ganadores y perdedores, el binario. 

Qué torpeza la mía, chapucear un resumen de un artículo potente y luminoso. Y a varios días de haberlo leído ya. 

Lo que quiero decir es que eso fue el sábado 31 a la tarde. El domingo 1 me senté en el sillón, después de tantos fines de semana de compu y seguir trabajando, con un libro que me había llegado hacía unas semanas y ni había podido abrir hasta entonces. Es Women Holding Things, de Maira Kalman. Lo compré sin dudarlo porque Kalman es una de mis artistas favoritas y ya hablé otras veces de ella por acá. 


El libro es exquisito. Todo. Es inspirador, es extraño, es bello. Es una lista y una colección (¿cómo podría no gustarme?). 

Y hace pensar. 

Otra vez -o tal vez influenciada por la lectura de Le Guin. 

Creo que el artículo y el libro se tocan. Hablan, si no de lo mismo, de algo muy cercano. Las dos dicen, de alguna forma: "las mujeres llevamos, guardamos, cuidamos, cargamos, buscamos, traemos, acercamos, sostenemos". 

En el libro de Kalman aparecen muchas referencias. Algunas personales, íntimas, otras no tanto. No conozco a todas las personas que cita, pero me suena que Le Guin no aparece. Los recorridos lectores son así, azarosos, andá a saber. Las dos, sí, citan a Virginia Woolf. 

Los textos conversan entre sí. Se dan la razón, mayormente. Se amplían, se iluminan a la luz del otro. Como en las buenas conversaciones. Ya no importa quién dijo qué, el diálogo es la suma. Y también iluminan alrededor. 

Quizás sea buen momento para releer a Woolf y leer lo tanto que por suerte tengo pendiente de ella. 

Estoy segura de que las tres hubieran podido ser amigas y hubieran podido charlar por horas, y mejor, estar en silencio juntas. 


Por fin, una semana entrada el año nuevo, entregué ese trabajo que me tenía atrapada y me tomé vacaciones. Pasaron varios días y las lecturas todavía irradian ideas, sensaciones. Termino este texto dejándole el matiz de borrador, de pensamiento en curso, con torpeza, con pudor. Que valga, al menos, para dejar constancia, para empezar el año con la propuesta lecturas jugosas y de conversaciones -aunque imaginarias- inspiradoras.



sábado, 21 de mayo de 2022

Tres (casi) reseñas tres

Tres novedades de la Feria del libro en mi escritorio:


La búsqueda

de Natalia Colombo. Publicado por Ojoreja. Edición al cuidado de Paula Fernández y Cintia Roberts. Buenos Aires, 2021.

Si el diablo está en los detalles, este es un diablo que ama a los animales. Pero no solo eso, esta historieta de Natalia Colombo es una delicia en la estética y en la trama. El tiempo narrativo va despacio. Te mete en ese mundo sencillo y pequeño de la plaza y los perros amigos con calma, en capítulos breves y con textos cortos. Los pasos de estos personajes van al ritmo de los pasos que dan los primeros lectores. Y los llevan por un camino con misterio y aventura, y un poco de humor y muchísimo de cariño y amor, porque como buenos amigos estos perros se cuidan y se acompañan en las buenas y en las malas, y también encuentran desafíos y nuevas compañías.  



Detente, instante, eres tan bello

Poesía reunida 

de Cristina Peri Rossi. Publicado por Caballo negro editora. Córdoba, 2021.

Trescientas páginas de poesía que son una fiesta y una sorpresa, no siempre divertidas y cómodas, sino más bien punzantes, de esas que un poco encandilan y te detienen un momento en el espacio y en el tiempo y en el pensamiento, que hace eco. Tengo muy poco leída a Cristina Peri Rossi, pero eso poco -gracias a Puro cuento, allá lejos y hace tiempo-, a algún librito de saldo de cuentos breves, siempre fue de lectura intensa y refulgente. Esa que te hace decir un oh pequeño para adentro, que te sacude alguna pieza mental. Así que cruzarme este libro en la última Feria fue irresistible, y se sintió un reencuentro, aunque es todo nuevo para mí. Lo leeré completo despacio, pero cada vez que lo abro desde que está acá es como una caja de caramelos de distintos colores y sabores, y no quería dejar de festejar su existencia. 



Alice Guy. Memorias 1873-1964

Con prólogo de Tiziana Panizza. Traducción y notas de Pablo Fante. Publicado por Banda propia editoras. Concón, Chile, 2021. 

Esta es una no-reseña, porque todavía no leí el texto del libro. Pero aún así es de esos libros que quiero celebrar sin ninguna duda. Que me encanta todo lo relacionado a los orígenes del cine no es secreto, (gracias, Laura y Germán de Máquinas de mirar, por existir cerca, y sus recomendaciones y talleres, de paso); que me encanta leer sobre cómo trabajan artistas, cómo reflexionan sobre su trabajo, su recorrido, su mirada, tampoco; y tampoco es secreto que me encantan esos cruces entre la tecnología, el arte, la industria y la cultura. La historia de Alice Guy reúne todo eso y esta edición, llena de imágenes, información extra, notas y encima, con un diseño impecable, es para no dejar pasar. 

Como joyita extra: Un flipbook con seis ¡seis! (sí, magia) fragmentos de películas de Alice Guy, editado por la genial flipboku. 

lunes, 24 de enero de 2022

¡Safari!

 Ya está abierta también la inscripción a este nuevo SAFARI, un taller virtual de lectura en el que leeremos textos sobre animales de todo tipo: domésticos, salvajes, fantásticos, exóticos, mansitos, voladores, imaginarios y muchos más. 

Durante cada encuentro leeremos y comentaremos libros de escritoras y escritores, algunos dedicados a la infancia, y otros no especialmente. También haremos algunos desvíos por el arte, el cine, la música, y otras disciplinas. La selección incluye obras de distintos lugares, épocas y géneros. 

Cuatro encuentros, a partir del martes 8 de febrero. 

Todos los talleres de Gabinete de lecturas están pensados, amorosamente preparados y coordinados entre Virginia Ruano y yo. Y queremos aprovechar para contarles que ya tenemos el plan de talleres anual que incluye algunos nuevos temas:

Abril: Fámili 👧 👶 👪

Junio: Museo 📷 🗿 🎨

Julio: Otros Mundos 🌏 🌠 🎃  

Septiembre: Estaciones 🏖 🏔 🔅 

Noviembre: Botánico 🐛 🌺 🍏 🌾 

Quienes hagan todos los talleres podrán acceder a una bonificación especial en el último.

Para más información e inscripción pueden escribirnos a: gabinetedelecturas@gmail.com




domingo, 7 de noviembre de 2021

Lecturas

Una buena mañana para ponerme a estudiar, que los cursos nuevos del año que viene no nacen de un huevito. A la tarde vuelvo con la cerámica porque por qué no todo.


Me estaba por levantar porque me dio hambre y era hora de ponerme a hacer otras cosas pero resulta que llegó esta. Send sandwichitos.



jueves, 9 de septiembre de 2021

viernes, 3 de septiembre de 2021

viernes, 20 de agosto de 2021

Correo

 Bueno, me acaba de llegar mi última compra. En tiempo récord, dejo en actas. Espero que entiendan que se suspende todo por los próximos días porque voy a estar leyendo.






lunes, 21 de junio de 2021

Tu crítico interior

 Vi Luca, la nueva película de Pixar. Y, a pesar de completar el bingo de los lugares comunes y estereotipos de la italianidad, me pareció muy linda. La estética es hermosa y el guión es ajustado, muy sencillo, poco pretencioso, diría, y eso me gustó. 



Me encantó el detalle de "Silenzio, Bruno", que retoma en pocas palabras la idea del crítico interior, que justo venía leyendo en el libro de Danielle Krysa, y que se puede ver también en esta charla:



domingo, 20 de junio de 2021

Dibujar y jugar

El fin de semana, no sé cómo en medio de mucho trabajo, logré ver este documental sobre Frank Thomas y Ollie Johnson, dos animadores de la época de los comienzos de Disney. Sí, esos de Bambi, Pinocho, El libro de la selva... 


El documental es del 95, así que ellos estaban vivos y son encantadores, y el documental es encantador porque te deja en ese estado de qué encantadora es la gente que disfruta de lo que hace. Se puede ver en Disney+, pero para conocerlos un poco más, antes o después, está todavía funcionando esta página web que armaron ellos mismos y que tiene un montón para chusmear. O también esta entrevista que les hicieron en 2002, sobre Mickey:



sábado, 5 de junio de 2021

Metejón

 Es el aniversario del nacimiento de Richard Scarry y me encargué un par de sus libros. Espero que me los traigan así. 



lunes, 31 de mayo de 2021

cuento

"En el cuento se desarrolla, pues, todo un sistema de información, que reviste a veces formas realmente asombrosas desde el punto de vista estético."

Vladimir Propp

domingo, 30 de mayo de 2021

Leer al sol

Es la única hora de sol en mi balcón así que gata y yo tenemos una cita con la reposera y la lectura. Me viene gustando mucho este libro de Betina González. No la conocía, gracias por la recomendación a Carola Martínez. 

"Mi historia personal me interesa poco. (...) Escribir ficción es una afirmación de esa autonomía, una reivindicación del derecho a la imaginación en una sociedad que sigue sosteniendo que solo "la realidad" (los hechos y su prestigio) son dignos de ser narrados". 




martes, 18 de mayo de 2021

martes, 4 de mayo de 2021

El auto perfecto

The perfect car for any writer or illustrator (illustration by Richard Scarry).

via: Into the Forest Dark @ElliottBlackwe3 (en twitter)



lunes, 3 de mayo de 2021

Casitas

 Alucinada con este libro de Blair Lent que compartió por las redes Gastón Caba (¡gracias!). 






jueves, 15 de abril de 2021

Diálogo editorial

El equipo de FILBA me invitó a participar de esta charla, con colegas editoras, para revisar algunos libros de nuestros catálogos. Es una propuesta interesante y original, a partir de una palabra/tema comentar un libro y recorrer con otra mirada el trabajo.  

Se puede ver hoy a las 18 por acá y luego queda disponible en el canal de Filba. 




jueves, 25 de marzo de 2021

Contar historias sin conflicto o kishōtenketsu

Casi todos los artículos sobre este tema empiezan igual, y es que resulta llamativo cómo durante años nos enseñaron y nos creímos que para contar historias había que pensar sobre todo en el conflicto. Ya sé que estoy generalizando, y que hay personajes, narrador, tiempo, y que hay muchas obras que diríamos “son más bien de personaje” “no orientadas a la trama”, como ponen en algunas reseñas, tampoco soy especialista en estructura narrativa, ni en narratología, pero esta forma de armar o de analizar la estructura de una historia a partir del conflicto está bastante instalada en Occidente, sobre todo desde el mundo del cine mainstream supongo, en donde la forma narrativa es una pirámide y siempre incluye un conflicto y su resolución. El momento de clímax es el vértice superior en donde las fuerzas opuestas se enfrentan y luego alguien gana, alguien pierde, hay cierto acuerdo tal vez, pero la acción de los personajes se encamina siempre a ese enfrentamiento.
En la escuela, incluso, nos enseñaron que la forma de las historias era “Introducción, nudo y desenlace”, en donde “nudo” es el conflicto a resolver. Esta forma viene, claro, de la Poética de Aristóteles, escrita en el siglo IV A.C., en donde se indicaba que así era la estructura de la tragedia. 


La literatura contemporánea se ocupó luego de agregar la dimensión del relato a la de la historia, en donde el relato es el modo y el orden en que se cuentan los acontecimientos, pero la historia es la sucesión cronológica de los hechos. Más allá de cómo se cuente, predomina en la narrativa -escrita, audiovisual- la idea de que el/los personajes salen a la aventura, realizan acciones porque deben resolver o enfrentarse a un conflicto. El conflicto puede ser externo o interno, y el esquema también funciona para el camino del héroe. Hay algo -un conflicto- que lo hace salir de su casa. 
Y no es que haya nada de malo con esta manera de pensar las historias. La idea acá no es criticar o desestimar esta forma, sino sumar al juego otra que proviene de Oriente.
Esta estructura se llama kishōtenketsu, y se la conoce también como estructura en cuatro actos o no orientada hacia el conflicto, aunque a pesar del título de este artículo, vamos a decir que tampoco es que el conflicto no aparezca de ninguna manera. 
Originaria de una estructura poética china de cuatro versos, más tarde pasa a Japón y se desarrolla más allá de la poesía en una manera de presentar un argumento, y un orden para narrar una historia. La palabra que le da nombre resume el concepto, derivada de ideogramas chinos: ki o kiku se refiere a la introducción; shō al desarrollo; ten, a un giro o elemento nuevo; y ketsu, la conclusión.
Veamos más en detalle:
Introducción: aparece el o los personajes, se presenta la escena.
Desarrollo: se profundiza sobre ese mundo y esa situación inicial, pero no sucede nada nuevo a nivel trama.
Giro: aparece un elemento nuevo, o se ve desde otra perspectiva la situación inicial. Ese elemento puede no tener relación con las escenas iniciales, lo que en retórica llamaríamos non sequitur; sin embargo, no es exactamente eso porque en la
Conclusión: los elementos del comienzo y el elemento o enfoque nuevo del tercer paso se unen, se asimilan, cobran un nuevo sentido. 



Vale aclarar que esta estructura no es necesariamente una estructura narrativa que se opone a la estructura de tres actos, pueden convivir muy bien. Es más bien un dispositivo que permite orientar la historia no hacia el conflicto en el sentido del enfrentamiento, de antagonistas, y de ganadores o perdedores, de manera amplia, sino en la idea de sorpresa, de conclusión que junta los elementos que se sembraron antes, sin un objetivo de éxito en la misión, de resolución, sino de asimilación.
Como ya dije, este dispositivo tampoco quita que haya algún conflicto en la historia, que se puedan identificar tensiones en juego, pero es un cambio en el planteamiento, en la orientación de lo que sucede, y un cambio también en la orientación de la lectura, en la forma en que vamos a interpretar los acontecimientos. No vamos a preguntarnos cuál es el conflicto de este personaje, qué es lo que lo lleva adelante, sino cómo juega ese nuevo elemento en ese mundo, y la respuesta no es quién gana o quién pierde, quién consigue su objetivo sino cómo logran relacionarse.
Un ejemplo ya bastante citado en los artículos que hablan del kishōtenketsu de historias no orientadas hacia el conflicto es la del cine de Miyazaki, del Estudio Ghibli. Por ejemplo, Mi vecino Totoro, en donde vemos cómo dos hermanas se acostumbran a su nueva vida en una zona campestre, llena de criaturas mágicas. Aparece de fondo la trama de su madre enferma y la espera de noticias del hospital, pero no gira alrededor de eso la situación ni la acción de los personajes. Se me ocurre que no es casual que el mayor éxito internacional de Ghibli, o por lo menos su entrada triunfal en Occidente, haya sido con El viaje de Chihiro, que comienza al menos de manera más similar a la estructura de tres actos. Al comienzo de la historia, Chihiro se enfrenta al conflicto de que sus padres fueron “secuestrados” o encantados por alguien y debe hacer lo posible por salvarlos, aunque después entra en esa lógica de la fantasía y la leyenda japonesa que para los espectadores occidentales es un poco extraña. Y es posible que parte de esa extrañeza sea que el motor de las acciones no gira alrededor de un conflicto central.
Por supuesto, que el cine de animación de Ghibli no es el único ejemplo, y que este formato o modelo de organización se usa mucho en la tira de historieta de cuatro cuadros. Y desde mucho tiempo antes de que esta palabra y explicación llegara a nuestros pagos.
Acá vemos una tira de Nancy, de Ernie Bushmiller, de 1951, que responde a la estructura de cuatro actos del kishōtenketsu. 


Es un dispositivo útil para el gag, que implica esa sorpresa, ese giro final. Acá hay otro ejemplo contemporáneo, de Gastón Caba*, en la tira Churro, el conejo (Edelvives):



En este caso también mantiene los actos en los cuadros, y al tercer acto incorpora esa escena otra, que luego se junta con las dos primeras. En otras tiras de Churro, Gastón utiliza esta estructura pero no con el mismo ritmo. En el segundo y tercer cuadro incorpora ese elemento novedoso, que en el último cierra el gag. Como en esta otra, en donde la primera abeja aparece ya en el segundo cuadro y el panal en el tercero, dando un paso más gradual a ese giro o elemento nuevo:

También este dispositivo puede pensarse en algunos libros dedicados a la infancia. En Un regalo sorpresa, de Isol (FCE) la historia puede leerse desde esta perspectiva. Nino, el protagonista, encuentra de casualidad un paquete que será su regalo de cumpleaños. Pero tiene que esperar al otro día a que se lo den. Mientras tanto, intenta adivinar qué hay adentro. Esto puede leerse como un conflicto, claro. Pero el foco no está puesto en eso, me parece. Nino especula con el paquete, si rebota, si hace ruido, si pesa. Pero la resolución de la historia viene de la mano de un giro *spoiler*: el regalo es un libro. La aparición del libro, en el universo de Nino es un elemento extraño, desconocido. No estaba considerado ni en su especulación ni en su interés de posibles regalos. 

Al final, por supuesto, el libro le da todo lo que quería de los regalos imaginados. Se une ese elemento disruptivo, sorpresa, con el ideal de Nino de los regalos en las primeras páginas.
Es solo un ejemplo, muchas historias infantiles giran más alrededor de una sorpresa o develación final, de un pequeño gag, que a partir de un conflicto. Pienso ahora en casos de narrativa visual, como La sorpresa, de Sylvia Van Ommen (FCE), o Profesión: cocodrilo, de Giovanna Zoboli y Mariachiara Di Giorgio (Pípala), en donde sin palabras nos encontramos frente a una historia que no está orientada alrededor de un conflicto y aún así mantienen la atención y el interés narrativo.
Seguro que hay muchas más obras para analizar y en donde se puede identificar este dispositivo, aunque no haya sido pensadas a partir de esta forma. Como digo muchas veces en las clases, entender de narrativa, entender cómo funciona una obra no quiere decir ni que los autores las pensaron necesariamente así ni que tengamos que comenzar  nuestro proyectos siempre de recursos y dispositivos, sino que nos sirven como herramientas de análisis, como recursos a tener en cuenta para revisar y ajustar cosas si hace falta, una vez que ya está escrito o bocetado, y también, claro, por qué no, como disparadores para empezar a trabajar en algo nuevo. No deja de ser un desafío tratar de pensar una historia interesante sin hacer foco en el conflicto que guía a los personajes, o el una historieta de cuatro cuadros, que responda a la estructura de kishōtenketsu.


*De hecho, gracias a Gastón Caba conocí el concepto, cuando nos conocimos en 2015 o 2016 y trabajamos en la edición de Churro. Gastón me pasó el artículo de Still Eating Oranges, un colectivo de artistas, que explica esta estructura y la propone como alternativa al pensamiento occidental orientado al conflicto. En ese momento, investigando, la entrada de Wikipedia era más breve de lo que es todavía y no existía en castellano, (aunque ahora sí), y no había otras referencias en la web salvo ese artículo en inglés y uno sobre videojuegos y el creador de Mario Bros. Me interesaba el concepto para incluirlo en clases de estructura narrativa, y para pensar otras formas de contar. Por todos lados se citaba ese artículo de SEO como primera referencia y empecé a dudar de que se tratara de un invento, ingenioso, claro, pero invento al fin. Terminé recurriendo a mi amigo Masao, que estudia japonés, para que hiciera una búsqueda en esa lengua y resulta que tampoco era una palabra tan común entonces, aunque sí aparecía en algún viejo manual de poesía. Ahora, por el contrario, hay bastantes artículos y videos que explican el kishōtenketsu, sobre todo desde el ámbito del guión de cine y el análisis audiovisual y lentamente va llegando al storytelling en su versión management. Veremos por dónde sigue su recorrido y sobre todo, si es que se lo empieza a aplicar como una alternativa o, mejor, como una dimensión nueva a la manera de contar e interpretar historias. 

martes, 5 de enero de 2021

La fantástica naturaleza (de las niñas)

 Vi en algún momento de los primerísimos días del año Wolfwalkers, una película de animación coproducida por Cartoon Saloon y Mélusine. Al parecer forma una trilogía sobre folklore irlandés con The Book of Kells y Song of the Sea, otras dos películas que me encantaron. 
En esta hay dos cosas que me gustaron especialmente: la estética de las imágenes y la animación, por un lado. Es como estar viendo un libro viejo, con grabados, en donde el registro de color no calza exactamente con la línea negra, la perspectiva está torsionada y estilizada y todo eso, hermoso, pero además animado. Por momentos también se ven trazos fluidos como si la estructura misma orgánica de los personajes saliera desde adentro. 
Por otro lado, algo que ahora descubro que me llama intensamente, el lado fantástico del mundo en el que habitan. Aparece la idea del cuidado y el respeto por la naturaleza, claro, y ese ideal de convivencia en donde los hombres no destrozamos el mundo en el que vivimos (aunque ya parezca un poco tarde) pero -y remarco con fuerza ese pero- hay sobre todo un universo fantástico, en donde los wolfwalkers no son una leyenda más y son la realidad y el corazón de la historia. 
Las protagonistas, Robyn y Mebh, conviven con esa realidad, como la perspectiva, torsionada hacia esa naturaleza alucinante y misteriosa, llena de saberes ocultos pero a mano para quien quiera conocerlos. 

Nada más lejos de mí que una lectura mística de poderes y energías, es solo que cuando esos universos fantásticos me invitan a habitarlos, cuando la magia y las leyendas son parte del mundo, bueno, ahí estoy, primera en la fila. 



Vengo siguiendo de cerca también a otra nena que sería muy buena amiga de Robyn y Mebh, Hilda, el personaje de Luke Pearson. Fue primero una historieta (lleva seis libros publicados y son todos geniales), y ahora también es una hermosa serie animada que se puede ver en Netflix y que acaba de estrenar segunda temporada. 
Además de que las ilustraciones de Pearson me parecen hermosísimas página a página y cuadro a cuadro de animación se nota que se cuidó mucho en mantener la estética de la historieta, hay algo en ese mundo de Hilda y la ciudad de Trollberg que me resulta fascinante. Otra vez, la convivencia con seres fantásticos, con animales extrañísimos, con trolls, dragones y brujas, pero que conforman su propia mitología inventada, pequeña, pero a la vez vastísima y cargada de tradición, me parece una maravilla (guiño guiño). 


La naturaleza mágica, la curiosidad que las mete en problemas, las ganas de querer saber más, de ayudar a toda costa, de vivir aventuras aun cuando no sean recomendables, de explorar el universo que las rodea son características que estas chicas comparten. Los universos fantásticos, que se presentan con sencillez, y a la vez llenos de recovecos y dobleces y secretos para descubrir, llenos de sorpresas, bellezas, maravillas y peligros, por supuesto, nos proponen un código que no es nuevo en la ficción, pero que acá enmarcan con precisión a estos personajes. 
 
Quisiera ir a merendar un día con Hilda, con Robyn y Mebh, y también invitar a Lyra Belacqua de His Dark Materials, de Phillip Pullman (que también ahora se puede ver en una adaptación a serie de tv con el mismo nombre), a Sophie Hatter, de Howl's Moving Castle, de Diana Wynne-Jones, a la princesa Mononoke, de Miyazaki, y por qué no, claro, a Wendy, de Peter Pan, de J. M. Barrie.  Me encantaría que me sigan contando más de sus aventuras. 
Seguro, como las hadas invitadas al bautismo de los cuentos de hadas, me olvido de alguien importante. Hay un montón de personajes que tendrían un lugar en esa mesa. Ahora pienso por ejemplo, en Hermione, de la saga de Harry Potter, en Tehanu, de los libros de Terramar. Alicia, quizás, también se llevaría bien en este grupo. ¿Quién más? Coraline, de Neil Gaiman...
Evidentemente la lista es larga, pero hay lugar para todas, porque los mundos de la ficción son así: la magia y la naturaleza y la curiosidad por todo siempre van juntas y nos invitan a seguir descubriendo. 






*Todos estos libros y series y películas tienen ediciones en castellano o subtituladas para ver. 


sábado, 28 de noviembre de 2020

Marilú

Me encanta aprender de temas que se van mezclando entre sí. En esta clase Daniela Pelegrinelli nos habló de industria, infancia, revistas, moda, negocios, educación, política, arte, historia, juguetes, diseño, sociedad, mujeres, rescates, archivos y tanto más. La generosidad de Daniela con sus investigaciones y su mirada, además, es siempre un disparador de inspiración y entusiasmo. 



jueves, 19 de noviembre de 2020

La narrativa de las cosas

Cada objeto guarda una historia. Esa historia puede ser real o fantástica o algo entre esas dos caras. Da igual. El objeto puede funcionar como activador de la memoria, de la imaginación o de la cruza de las dos. ¿Qué es, si no, poner en palabras un recuerdo? Siempre se atraviesa ese bosque de límites no muy definidos. La manera de contar los recuerdos siempre tiene que ver con la fantasía. El objeto es un resonador de sensaciones, de momentos. Una prueba viviente del pasado.  
Pero no voy a hablar ahora de las historias que nos cuentan los objetos. Ni de cómo activan la memoria. Ahora quiero hablar de libros, en realidad. De tres libros que usan una forma narrativa particular, otra manera de usar los objetos para contar una historia: no cuentan las historias de estos, sino que cuentan una historia a través de los objetos. La estructura narrativa de estas historias está armada sobre una sucesión de cosas. El orden de esas cosas, cómo se presentan ante nosotros, lectores, es la columna vertebral del relato. 

Empiezo por Middle School is Worse than Meatloaf, de Jennifer L. Holm. El subtítulo de este libro es “A year told through stuff” -un año contado a través de las cosas-. El libro es de 2007 (Simon & Schuster) y yo creo que llegué a él porque mi jefa de ese momento me lo trajo de regalo de un viaje, pero no estoy muy segura. La edición que tengo es la rústica, de 2011. La autora es de Estados Unidos, y por lo visto, bastante conocida ahí en el mundo de los libros infantiles. Ganó varias veces la medalla Newbery y tiene un montón de libros publicados. No conozco ninguno traducido, y no conozco, la verdad, el resto de su obra. Pero este libro es un caso particular. 


¿Es una novela? Escapa a las clasificaciones, porque así como indica el subtítulo, lo que vamos a ver página a página son imágenes de cosas. Algunas son notas que Ginny, la protagonista, le deja a su madre y a su familia, notas que su madre responde, nos encontramos entradas del diario de Ginny. Y también vamos a ver tareas de la escuela, chats con alguna amiga, tickets de compras, informes médicos, horóscopos y recomendaciones de una revista recortados, tarjetas que le manda su abuelo, el programa de la escuela de danzas, liquidaciones bancarias y muchas cosas más. La parte gráfica fue realizada por Elicia Castaldi, y es como si viéramos sobre el escritorio de Ginny, la mesa de la cocina, la heladera, el cartel de anuncios de la escuela, su carpeta, la pantalla de la compu. Entonces, ¿cuál es la voz narradora de esta historia? Hay muchos aspectos que tenemos que reconstruir como lectores siguiendo el rastro de los objetos. Un ticket de compra de un pulóver soñado, una invitación a una fiesta, un ticket de lavandería, un nota que pide otro pulóver porque ese primero está arruinado, una respuesta negativa a esa nota, cuentas para pagar un nuevo pulóver, horarios y mensajes para hacer de babysitter y así. ¿Qué pasó en la fiesta? No sabremos los detalles pero podemos imaginar cómo la situación no se parece a lo que planeó Ginny, porque la vida nunca es exactamente como lo que planeamos y cada cosa que ahí aparece es una pista que nos da información acerca de situaciones, eventos y momentos en la vida de Ginny y su familia. 
Para meternos más de lleno en este pacto, las páginas ni siquiera están foliadas. Las páginas legales y de créditos (al comienzo y al final del libro) también están armadas como si fueran recortes, notitas que alguien deja. Cada una de las 120 páginas del libro tienen un diseño diferente, no hay maqueta de diseño para este plantado de texto. Me encantaría saber cómo lo trabajaron las dos autoras y en edición. Supongo que estos temas de diseño dificultan la posibilidad de una traducción, además, reajustar los textos a las imágenes. 






El libro se abre con una lista de compras para la vuelta a clases, y también con una lista de tareas pendientes de Ginny. A lo largo de las páginas vemos que incluso las que se cumplen no resultan como ella las imaginaba. El recurso de las páginas de su diario o las redacciones que escribe para la escuela nos permiten conocerla un poco más de primera mano, saber qué siente, qué piensa de todo lo que pasa a su alrededor, pero está usado con mucha medida y casi todo queda librado a que armemos el rompecabezas de la historia, de todo lo que pasa ese año agitado de comienzos de la adolescencia. Nadie nos cuenta esa historia, las cosas nos hacen armar una historia, leerlas como unidades de sentido.

 



Y por eso rompimos (Alfaguara, 2013, en castellano, la edición original es Why We Broke Up, de 2011/2012, de Little, Brown and Company. La edición en paperback de Egmont bajo el sello Electric Monkey tiene las ilustraciones en blanco y negro, es una pena), de Daniel Handler y Maira Kalman se parece más a una novela tradicional a simple vista. Es un texto extenso, un libro de 350 páginas, con algunas ilustraciones a página completa. Y aunque incluso antes de la página de legales nos encontramos con ilustraciones: la imagen de un barrio y una camioneta estacionada, es con esa escena con la que también comienza el texto. 
Daniel Handler es un escritor y músico norteamericano, tal vez más conocido en el mundo de los libros infantiles como Lemony Snicket por la serie de libros “Una serie de eventos desafortunados” (o según la traducción: “Una serie de catastróficas desdichas”). 
Maira Kalman, por otro lado, -una de mis artistas contemporáneas favoritas-, es ilustradora, diseñadora y autora también, entre otras cosas. Neoyorkina desde chica, nacida en Israel, tiene una manera de ver (y mostrarnos en sus imágenes) las cosas, con humor, sensibilidad e ingenio. Todo lo que está bien. Quien quiera conocerla un poco más, recomiendo mucho las entrevistas de Debbie Millman en Design Matters (todo en inglés, sí, no está muy traducida su obra) o esta charla TED (que sí se puede ver con subtítulos en castellano). 



Y por eso rompimos es una novela y también es una carta de despedida. Está escrita en segunda persona. Min le devuelve a Ed una caja con todos los recuerdos de su relación, que duró apenas más de un mes pero que fue una revelación para los dos, aparentemente. Toda la novela/carta se organiza a partir de nombrar cada uno de los objetos que hay en la caja y contar el momento en que pasó a ser algo significativo para ella, o para los dos, un recuerdo de esa relación que podría haber sido extraordinaria y que ahora no es nada. A partir de la explicación de cada objeto dentro de la caja conocemos la historia de la relación y entendemos también por qué ya no están juntos. No hay números o títulos de capítulos, pero el texto está separado por páginas con la ilustración de los objetos, muy al estilo Kalman, que en buena parte de su trabajo se detiene en esos objetos pequeños, intrascendentes y los vuelve una obra. Los títulos de capítulos podrían ser esas imágenes, las cosas, memorabilia de una relación que solo significa algo para quien estuvo ahí. Reconocemos como lectores el valor sentimental de cada papelito, las tapitas de la cerveza que tomaron juntos, algún regalo, prendas de ropa, libros, envases. Las pruebas materiales de ese tiempo, de los recuerdos, que Min ya no quiere tener y le devuelve a Ed, para que él -y también nosotros lectores- entendamos todo lo que significó esa relación. 







Esta novela no es la única obra en colaboración de Handler y Kalman. Tienen juntos también el libro álbum 13 palabras (publicado en castellano por Limonero), una historia que se estructura con 13 palabras que llegan ahí en un orden ¿por azar? Esas palabras, ahí, como estos objetos puestos en una caja, son el hilo conductor de la trama. 




Tienen también unos exquisitos libros publicados por el MoMA, en los que a partir de una selección de fotografías hacen un recorrido temático de texto e imagen. 






Por su parte, Maira Kalman, entre su obra propia, tiene un libro que es una enumeración de cosas, imágenes de cosas con algunas explicaciones e historias familiares: My Favorite Things. “Todo es parte de todo”, dice en la contratapa. 
Los objetos son la memoria de los objetos, una conexión entre el pasado que los puso ante nuestra vista y quien ahora los mira de vuelta, con todo el tiempo que pasó en el medio, con todo lo que resuena alrededor de cada cosa. 







El tercer libro que quiero comentar es Important Artifacts and Personal Property from the Collection of Lenore Doolan and Harold Morris, Including Books, Street Fashion, and Jewelry, (Sarah Crichton Books, 2009. Hay traducción al castellano por Duomo Ediciones) de Leanna Shapton, una artista canadiense que vive hace años en New York: escritora, ilustradora, editora. En este video, ella habla del libro en cuestión. 
En este caso, otra vez, un libro que no es una novela pero construye una historia que podría ser una novela. La tapa no nos engaña: no aparece la autora, no aparece la editorial. Sí aparece una fecha y el dato de una casa de subastas. El libro es, desde el principio al fin -salvo por la página de legales y una página con citas como epígrafes-, un catálogo de una subasta de las cosas que Lenore Doolan y Harold Morris dejan atrás. Por los epígrafes de pie de fotos de los objetos a subastar vamos conociendo a estos personajes, vamos entendiendo su relación, sabemos de sus viajes, de los regalos que se hacían, de souvenirs que se traían o se enviaban cuando estaban a distancia, a qué se dedicaban, sus gustos y su mitología secreta amorosa, ese código interno de las parejas. Sabemos que el amor se termina y acá no es la excepción. Lo que no sabemos nunca es por qué esos objetos llegan a ser subastados, qué pasó con estas personas. Por qué acá hay buena parte de sus bibliotecas, de su ropa, de sus cosas. Y por qué alguien querría comprarlas, como si fueran famosos, como si fueran reliquias. 



Los pies de fotos mantienen el código del catálogo de subasta, están identificados por el número del lote, tienen la descripción técnica, si hay fecha de adquisición, en qué condiciones se encuentran y el precio de base. Más de trescientos ítems serán subastados y casi todos tienen su fotografía. En los textos que las describen, se incluyen detalles, en algunos casos, agregados, que nos dejan saber algo más: parte del texto de una carta, qué dice una anotación que tiene el libro, en dónde se tomaron esas fotos. 
Nos volvemos voyeurs de esas vidas. Como entrar y recorrer la casa de alguien sin ese alguien, y creer que lo conocemos. Porque es verdad que se conoce a alguien revisando sus cosas, al menos algún aspecto. Qué atesora, qué deja a la vista, qué se esconde en los cajones o entre los libros. Pero cómo se ordenan esas cosas, cuál es el valor sentimental de este programa de teatro. Quien preparó esta subasta hizo arqueología de una relación, desenterró esos objetos, los fotografió, los ordenó por orden cronológico aproximadamente y los describe con la mayor objetividad posible. Una curaduría de las posesiones de la pareja, tan de moda la idea de curaduría en este tiempo, que nos permite recorrer esas posesiones y rearmar la historia. Entonces, leemos ahí el rastro del tiempo en una relación, cómo se conocen en una fiesta a través de las fotos de ese día, el desarrollo a través de los años y el desgaste. Un museo de la relación que está por ser vendido y desmantelado, es también un catálogo hipnótico de posesiones, algunas valiosas en dinero pero la mayoría solo valiosas sentimentalmente. La historia que se arma de estos dos personajes extiende el valor sentimental de las cosas al público que querrá comprarlas y atesorarlas a su vez. 
De tan original este libro termina resultando obvio en el mejor sentido de la palabra: claro que las cosas nos cuentan una historia. Cómo a nadie se le ocurrió antes mostrarnos así, “objetivamente” el paso de una relación. La reconstrucción de lo íntimo a través de lo material, eso que Marie Kondo no puede comprender, la prueba física y contundente de un sentimiento, de un momento, de todo eso que somos: esas son las cosas que guardamos. Las que se vuelven espejos de lo que éramos en algún momento, de lo que nos gusta o nos gustaría y también de lo que ya no está. 





Los tres libros utilizan el recurso de contar a través de las cosas, no la historia de las cosas en sí, sino una historia más allá, una historia de personajes, una trama que se arma a partir de los objetos, de los rastros materiales de situaciones y eventos. Cada uno de los libros está pensado para un público lector diferente, con sus particularidades, pero comparten esa columna vertebral como estructura: una sucesión de objetos que hacen que los lectores tengamos que interpretar. Claro que siempre la literatura es un diálogo y los lectores interpretamos y unimos información y completamos para que la lectura sea efectiva y profunda y poética. En estos casos, esa lectura se activa no desde las palabras sino desde las imágenes de objetos, el orden y la presentación de las cosas, que permite que la estructura narrativa no se presente de la forma tradicional: introducción, nudo, desenlace. El famoso arco narrativo queda desplazado por esta otra idea de guión de muestra de sala de museo, de la curaduría de objetos que, como vemos, siempre tienen mucho para decir.