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jueves, 12 de enero de 2023

Lecturas que se tocan

Los últimos meses vengo trabajando mucho, en un proyecto que me absorbió como pocos (y que podré compartir ya en unas semanas, si todo va bien). Esto hizo que leyera poquísimo por fuera de lo que tenía que leer por trabajo. 

Como se va cerrando, y simbólicamente el fin se acercaba al fin de año, a modo de ritual y para tratar de despegarme de a poco, decidí empezar por algo modesto para conectar con (casi) otras cosas: un artículo. 

Elegí The Carrier Bag Theory of Fiction, de Ursula K Le Guin. Por varios motivos, pero uno enorme es que confiaba en que los ensayos de Le Guin siempre me resultan poderosos, movilizantes (en el sentido de mover ideas, algo así, no sé si hay una palabra para eso. Cuando leo ensayos de Le Guin me parece escuchar los engranajes de mi cerebro haciendo ruido). Otro motivo más mundano es que tenía el artículo abierto en el navegador desde hacía meses y poder ir cerrando ventanas era parte de ir cerrando el año y los proyectos. 

Es -claro, no defraudó a mis expectativas- un ensayo breve pero potente. Me dejó con ganas de más, incluso. De repreguntar, de una edición anotada que se explaye en las referencias. Me dejó pensando en eso de la otra historia, la que escriben los (¿las?) perdedores... no es la palabra exacta "perdedores" porque no está planteado en esos términos creo (si mi inglés y mi cansancio de fin de año no me engañan). Sino la posibilidad de otra manera de pensar la historia, las historias, desde una óptica feminista tampoco en el sentido militante (o sí, que es necesario) pero más bien en el sentido de todo lo que no vimos, lo que nos perdimos por mirar/escuchar/contar desde un solo lugar: el del conflicto, el de ganadores y perdedores, el binario. 

Qué torpeza la mía, chapucear un resumen de un artículo potente y luminoso. Y a varios días de haberlo leído ya. 

Lo que quiero decir es que eso fue el sábado 31 a la tarde. El domingo 1 me senté en el sillón, después de tantos fines de semana de compu y seguir trabajando, con un libro que me había llegado hacía unas semanas y ni había podido abrir hasta entonces. Es Women Holding Things, de Maira Kalman. Lo compré sin dudarlo porque Kalman es una de mis artistas favoritas y ya hablé otras veces de ella por acá. 


El libro es exquisito. Todo. Es inspirador, es extraño, es bello. Es una lista y una colección (¿cómo podría no gustarme?). 

Y hace pensar. 

Otra vez -o tal vez influenciada por la lectura de Le Guin. 

Creo que el artículo y el libro se tocan. Hablan, si no de lo mismo, de algo muy cercano. Las dos dicen, de alguna forma: "las mujeres llevamos, guardamos, cuidamos, cargamos, buscamos, traemos, acercamos, sostenemos". 

En el libro de Kalman aparecen muchas referencias. Algunas personales, íntimas, otras no tanto. No conozco a todas las personas que cita, pero me suena que Le Guin no aparece. Los recorridos lectores son así, azarosos, andá a saber. Las dos, sí, citan a Virginia Woolf. 

Los textos conversan entre sí. Se dan la razón, mayormente. Se amplían, se iluminan a la luz del otro. Como en las buenas conversaciones. Ya no importa quién dijo qué, el diálogo es la suma. Y también iluminan alrededor. 

Quizás sea buen momento para releer a Woolf y leer lo tanto que por suerte tengo pendiente de ella. 

Estoy segura de que las tres hubieran podido ser amigas y hubieran podido charlar por horas, y mejor, estar en silencio juntas. 


Por fin, una semana entrada el año nuevo, entregué ese trabajo que me tenía atrapada y me tomé vacaciones. Pasaron varios días y las lecturas todavía irradian ideas, sensaciones. Termino este texto dejándole el matiz de borrador, de pensamiento en curso, con torpeza, con pudor. Que valga, al menos, para dejar constancia, para empezar el año con la propuesta lecturas jugosas y de conversaciones -aunque imaginarias- inspiradoras.



jueves, 10 de marzo de 2022

Despedida

 Hay personas que de tan luminosas te siguen alumbrando por años, aunque ya no compartas el trato cotidiano. Marian era así para mí. Después de vernos casi todos los días por alrededor de cinco años, solo hablábamos dos veces por año. A veces un largo café, a veces -en pandemia- una larga llamada telefónica. Sin embargo, en el minuto en que empezábamos a charlar, era como si nos hubiéramos visto ayer mismo. Y también, no solo el momento de la charla, su presencia en mi vida es constante porque aprendí tanto con ella y nos divertimos y crecimos profesionalmente, estudiamos juntas la especialización y no son solo las anécdotas de una etapa de la vida, es un lazo que construimos y sostuvimos a través del tiempo de distintas formas. Mariana fue mi primera jefa en el área editorial y yo fui su primera editora. Entré a reemplazarla a ella misma, cuando Canela se fue de Sudamericana y Mariana pasaba a estar a cargo y yo a hacer lo que antes hacía Mariana. Fue mi mejor jefa también. Tan pero tan generosa con todo como rigurosa para el trabajo. Y fue mi compañera de estudio, y fue mi amiga y consejera. Nos reímos tanto. 

No sé cómo se despide a alguien que sigue en tu vida, en lo profundo de tu ser, que te ayuda a través del tiempo y la distancia, de las cosas de la vida, a ser parte de lo que sos. 

Tengo la fortuna de haberla encontrado en mi camino. Me acuerdo perfecto del día en que nos conocimos y de la primera conversación. Y también de la última. Y por suerte, también muchas en el medio.

Sin Mariana, sin la luminosidad de Mariana yo no sería la misma profesional ni la misma persona que soy hoy. Así de potente, después de casi veinte años de nuestro primer encuentro, no puedo imaginar un mundo en donde no esté Mariana para charlar, para reirnos, para chusmear, para consultarnos cosas, para pensar en voz alta juntas. No puedo imaginar un mundo sin Mariana porque espero que Mariana siga presente en todo lo inmenso que nos dio a tantas personas queridas, en toda la luz que compartió con nosotros este tiempo. 

***

No tengo una foto juntas para poner, como de tantos buenos momentos que ni se registran porque parecen para siempre. Espero que me perdonen la parrafada sin imagen, en estos tiempos apurados. Gracias por estar del otro lado y leer. 

A Mariana Vera. Gracias por todo. 

martes, 31 de agosto de 2021

Lo que queda

Uno lo ilustré y escribí (con letra de mi mamá, que tomaba nota) en el ¿79? ¿80? y lo reencontré ahora. El otro lo escribí yo y lo ilustró Fernando Calvi en 2017. Se podría decir que cuando me meto con un tema le doy su tiempo y lo exploro a fondo, ¿no?


Y quiero aclarar que ni mi padre ni mi madre son editores, pero jugábamos a hacer libritos. Mirá las cosas que te quedan de la infancia. En el juego de la vida nunca terminaba millonaria, está claro.


miércoles, 30 de junio de 2021

Muñecas

Hasta ayer, yo no sabía de la existencia de las muñecas kachina de la cultura hopi. Por qué tenía que haber sabido, no sé. Pero me alegra mucho mucho saberlo ahora.



lunes, 31 de mayo de 2021

cuento

"En el cuento se desarrolla, pues, todo un sistema de información, que reviste a veces formas realmente asombrosas desde el punto de vista estético."

Vladimir Propp

martes, 18 de mayo de 2021

martes, 22 de diciembre de 2020

Historieta y poesía

En el grupo de fb Leemos LIJ, que coordina Carola Martínez y el equipo de la librería Donde viven los libros organizan la conversación a partir de un tema cada mes. El mes pasado se habló y recomendó historieta y este mes, poesía. 

Como el mes pasado no llegué a participar, esta vuelta acumulé entonces temas. Es un poco en chiste, pero es que justo justo estoy dando vueltas alrededor de la poesía visual y la narración en imágenes. O en un sentido más amplio también: lo poético en la narración con imágenes. Poesía visual pero más visual que la poesía concreta y la poesía visual que surge a partir de las vanguardias, o los caligramas. 

Primero quiero comentar Mi buena estrella, de Cecilia Pisos y Gaston Caba. En este libro aparecen poemas de Cecilia (que por cierto tiene muchos libros de poesía y todos muy recomendables y ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños), combinados o contados como historietas. Aquí dejo una imagen de una doble página para que vean un ejemplo. Algunos poemas aparecen así, cuadro a cuadro, con intervenciones que tienen que ver con lo gráfico de la historieta para la disposición del texto más que con la poesía. Aquí, la poesía a veces es más narrativa y entonces la historieta es un modo de contar esa narración. 



Y también las imágenes tienen su dimensión poética, si entendemos acá lo poético a partir del ritmo, la manera de mirar, el color como un elemento más. ¿Cuál es el modo entonces de definir una imagen o una narración visual desde lo poético?

Gastón Caba también es el autor de Churro, y en estas tiras (dejo algunos ejemplos), me parece, hay muchas que son breves escenas con mucha carga poética. Estas historietas no tienen texto y sin embargo, si bien son narrativas, se acercan al universo de la poesía. Pero ¿dónde está ese límite? ¿Sirve explorarlo o mejor navegar por estas fronteras inciertas de narración, historieta, silencio y poesía?Seguro hay algún material bibliográfico sobre esto y yo no lo conozco, así que espero que si alguien sabe más o sigue reflexionando sobre esto, comparta por los comentarios. 





En Equis y Zeta, de Jorge Elías Luján e Isol Misenta también hay breves escenas poéticas en historieta. Y otra vez, el trazo, el color, la composición conviven entre la historieta y la poesía, a su modo. 




Isol también en su Abecedario a mano nos ofrece una poesía condensada en una frase y en una imagen. ¿Es una poesía álbum, siguiendo la definición de libro álbum? ¿en donde la imagen y el texto se constituyen entre los dos en lo poético? Y en varios de sus otros libros también. Pienso ahora en ese precioso catálogo de sueños, por ejemplo. 





Vengo estudiando, leyendo, mirando desde hace un tiempo el mundo de la poesía concreta, la poesía visual, los caligramas y la historia de estas formas. Y también sobre las narraciones visuales. Todavía no encontré material que hablara de estas dos cosas a la vez, aunque seguro a partir de este posteo alguien conoce y me cuenta. En estos ejemplos, que creo que combinan poesía y narración visual, silencio y ritmo, miradas y lecturas creo que pasa algo que no termino de ubicar ni de definir, y seguro no importa demasiado, porque igual son libros que recorro una y otra vez con tanto gusto que hace rato no vuelven al estante de la historieta, ni al de la poesía. 

Por supuesto hay más ejemplos en libros álbum, en libros sin texto, en historietas, pero me pareció que empezar por estos era una buena forma de traer acá este tema que me tiene intrigada y encantada.

*En los comentarios a este posteo aparecieron otras sugerencias de estos cruces. Yo nombré otros dos ejemplos que reseñé hace poco en este blog: Isla, de Mariana Ruiz Johnson y Lui Mort, y Tierra encantada, de Pablo Picyk. Recomendaron también algunas tiras de Decur, de Liniers, de Rep. Valeria Cervero compartió este comentario/ejercicio poético visual de Marcelo Díaz. Gastón Caba contó sobre el proceso de trabajo con Cecilia Pisos para su historietapoesía. 

viernes, 23 de octubre de 2020

Conclusión

 Me siento lista para tener 3 años ya. Me llevó 44 y piquito. Creo que ahora mismo sería una excelente persona de 3 años.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Día de la estudiante

Hoy di una clase particular sobre cuentos populares, cuentos maravillosos y las versiones de Caperucita Roja para una persona que necesitaba saber del tema para un proyecto. 

Qué hermoso es estudiar un montón para dar una clase. Así que me digo feliz día y ojalá que nunca deje de gustarme estudiar para preparar clases, que es una manera muy privilegiada de estudiar. Es un honor que a alguien le interese escuchar lo que a mí me entusiasma estudiar y contar.

domingo, 2 de agosto de 2020

Genealogía



Vengo pensando mucho en esto últimamente (y un episodio de Creative Peptalk de Andy J. Pizza me hizo reencaminar algunas ideas), pero todavía no logro ponerlo bien en palabras, así que va esta foto y esta reflexión como un pensamiento en proceso. 
Estas figuritas de cerámica las hice yo, en esas fechas que agregué en la imagen. Ya conté en otra entrada que voy a cerámica desde muy chica, siempre a talleres (solo dejé un par de años cuando mi profe de casi toda la vida decidió jubilarse y cerrar su taller, hasta que encontré otro). Y entre las pocas piezas que quedaron del primer primer taller (uno al que fui solo un año o algo así), conservo ese personajito que estuvo por años arrumbado en algún cajón, pero que desde hace un tiempo rescaté y junté con estos otros y más, más cercanos en el tiempo pero todos parientes, sin duda alguna. 
Me gusta encontrar, explorar esa genealogía. Andy Pizza apuntaba en ese episodio a cómo encontrar tu voz artística o cómo identificar qué tendrías que estar haciendo y que la respuesta muchas veces estaba en algo que ya habías hecho. Resuena también con Anne Lamott en Pájaro a pájaro cuando propone empezar a escribir por los recuerdos de infancia y desde ahí construir, recorrer la memoria, encontrar un relato que no necesariamente va a ser sobre la infancia. Creo que esas ideas se tocan en un punto con esto que vengo pensando: cuál es el hilo conductor del tiempo, una genealogía de los intereses, del hacer que se despliega hacia atrás. Y cómo eso señala hacia adelante. 
Sabemos que hay muchas formas de contar una historia, de escribir nuestra propia historia. Pero no es solo eso. Es más bien una excavación arqueológica. Piezas semienterradas, tal vez incluso olvidadas, que de pronto pertenecen todas al mismo museo. Tal vez sea una forma de buscar respaldo en el pasado. De armar el museo de una misma (y esto es tema de otra entrada que llegará en algún momento, y también el título de un libro hermoso).
Y no en el sentido de ay, juega con legos, va a ser arquitecto. Que me parece un poco determinista y acotado. Pienso al revés, en ideas que se reflejan, manos vistas por un periscopio que ya no se sabe bien adónde se ubican. Escuché a muchos artistas, en especial ilustradores, que dicen que la diferencia entre ellos o ellas y otros es que nunca dejaron de dibujar. Que no se desviaron de ese hacer que empezaron de chiquitos. 
Hay algo envidiable y encantador en esa idea, pero también algo tajante, un no lugar a cambiar de plan, a empezar tarde, a retomar, a reencontrarse. Y por supuesto que estoy a favor de todo esto: de los desvíos, de las genealogías que se van cruzando, de las capas que se superponen y terminan en otra cosa nueva. Y bien, claro, para quienes siguieron un camino inequívoco. Pero bien también para la exploración de rutas alternativas. Andá a saber por qué tomamos el camino más largo, qué souvenir traemos desde ese otro lugar que por momentos parece demasiado alejado. Hay otro título hermoso de otro libro hermoso, en este caso uno de Adela Basch y María Delia Lozupone, que resume este paseo inevitable: Crecí hasta volver a ser pequeña. 
Me gusta, decía, encontrar esta genealogía y mirarla de cerca. Y estar atenta para ver por dónde siguen creciendo esas ramas. 


jueves, 4 de junio de 2020

H de halcón

Voy a incluir en mi lista de logros en este día de muchas tareas pendientes los tres largos minutos que me pasé mirando planear en círculo, altísimas, a dos aves rapaces (perdón que no sé la especie) hermosas y que me dieron un momento de sosiego entre tanto descalabro.

Tal vez sea por pasar tantas horas sentada trabajando frente a esta ventana. Pero seguro también porque hace unos días terminé de leer H de halcón, de Helen Macdonald y es de una belleza tal que todavía me dura el efecto y espero que no se me vaya.

miércoles, 15 de abril de 2020

Más de Ursula

Anoche vimos el documental Los mundos de Ursula K LeGuin. Se puede ver por un dólar en vimeo on demand, pero con subtítulos en castellano se encuentra por acá. Dura poquito menos que una hora y vale mucho la pena. Ella es una delicia, aunque todo sea un poco rápido: es su carrera a vuelo de pájaro digamos, y opiniones de otros autores y expertos y lectores. Hay muchas partes de entrevistas e intervenciones de ella y su familia que dan gusto de ver y escuchar y como siempre, no sé bien cuál es la palabra exacta, porque no es "pensar" solamente, es más como reacomodar los pensamientos, mover los pensamientos, algo así. Leer y/o escuchar a LeGuin me hace mover los pensamientos. Si no existe esa palabra, podríamos ir inventándola.



viernes, 10 de abril de 2020

Lecturas

"Maybe this ability to live in the insularity of a dream was as restorative as sleep".
Rebecca Solnit. Tha Faraway Nearby

Estoy leyendo este ensayo que creo que es del año 2013 pero por momentos parece bastante más actual. Es difícil de resumir el tema. Habla de su vida personal, su historia con su madre mayor y con Alzheimer, de contar historias, de un viaje al ártico, de arte, de las metamorfosis en los relatos y en la vida.

martes, 24 de marzo de 2020

práctica

Hoy pude sentarme a practicar un poco. Tornear, como dibujar me parece, implica quietud y movimiento a la vez. Es parte de su gracia. Donde se toca también con la meditación y el yoga, supongo.
Y la importancia de la práctica, siempre. Y de la idea. Hay una forma que quiero hacer y no me sale. El primero es de hace dos días, los otros de hoy. Me voy acercando.





A mis brazos

Murió Albert Uderzo. En estos días de distancia social justo me vengo acordando de lo genial que es este cuadrito.

jueves, 30 de enero de 2020

ecos de la infancia

Anoche, gracias al comentario de una alumna en Doméstika, me puse a investigar sobre unos libros que tuve en la infancia, que le regalé a una vecina cuando creí que ya era grande para disfrutarlos y después recuperé en otra edición, pero no miraba desde entonces.
Son ilustrados por Tony Wolf. Me enteré que era un ilustrador italiano, que hizo casi toda su carrera en Londres, y que fue conocido por una serie animada que acá solo vi en memes, pero voy a buscar.
Es una ilustración clásica, llena de detalles. Sus libros hoy no parecen fáciles de conseguir (nada en ML, ni demasiado en inglés, tal vez se consigan aún en italiano). Él los ilustraba y en este caso, los textos son de Peter Holeinone. Wolf tiene publicadas más series de cuentos clásicos ilustrados, que jamás vi, no sé de quién son los textos.

Estos son cuentos originales, de personajes fantásticos del bosque: animalitos antropomorfizados, gnomos, duendes, hadas, gigantes... Los que yo tenía estaban en una edición en rústica, distintos tomos por series de personajes. Los cuentos son breves, pero se va armando toda una historia larga en el conjunto. La edición que tengo ahora es toda en un tomo, de 1999, de Editorial Molino, y apenas si tiene los créditos pequeñísimos al final.
Esta mañana lo estuve mirando en detalle (y arrepentida de haber regalado mis ediciones originales) y me sorprende lo mucho que me siguen fascinando hoy todos los elementos que ya aparecen acá: mundos pequeños y pequeñas comunidades, ilustraciones en cutaway, tecnología inventada. ¡Y zorritos, por supuesto!



¿Me gustan estas cosas porque me crucé en la infancia con esos libros hermosos o me parecieron hermosos porque me interesaban esas cosas vaya a saber de dónde o por qué?
Vengo pensando mucho en esto últimamente: una conexión entre intereses que viene de lejos y de pronto se conjuga en algo ahora y me sorprende. Como algo que ya estuvo siempre ahí y yo no lo veía hasta que lo veo, como esas imágenes 3d que hay que mirar desenfocando los ojos y que me parecen siempre una metáfora que explica tantas cosas. ¿Cómo mantener esa mirada? o al menos, ¿cómo saber cuándo hay que desenfocar los ojos y mirar?

viernes, 3 de enero de 2020

Tu vida no es un cuento

Este es otro de los artículos que leí en estos días: Your Life is Not a Story, de Timothy Kreider. Llegué ahí por recomendación del siempre interesante boletín de Austin Kleon.
Lo que me parece que justamente el artículo se olvida es que la narrativa contemporánea ya no suele ser lineal (en el sentido de avanzar solo a partir de causa-consecuencia) y la verosimilitud y el realismo se asientan mucho más en lo arbitrario de la vida, lo sorpresivo (aunque no siempre en el sentido de golpe de efecto), lo no previsible que en el fondo es todo.
Lo que me gusta del artículo es esa idea de que la gente siempre te sorprende, como decimos con mi amiga M.

Los nombres del viento

Este es un artículo que leí la semana pasada (¡el año pasado!) o algo así y no quiero perderlo.
De Lydia Davies: Ten of My Recommendations for Good Writing. (En cuanto lo terminé, me compré el libro de ensayos, pero no sé cuándo voy a poder leerlo). Es todo una joya el artículo y eso de la precisión en la observación es fundamental, y es encantador cómo lo muestra: las descripciones y nombres de la intensidad del viento son una delicia.
Por cierto, dejo acá por escrito mi fastidio de que en castellano no tengamos una palabra como weather y tengamos que usar tiempo, que se confunde con el tiempo de las horas y los minutos y los puristas no nos dejen usar clima porque esas son las características atmosféricas propias de un lugar.
Y me desdigo y les anuncio una batalla perdida a los puristas: quise buscar la definición de clima y las primeras respuestas que tira el buscador son sobre el tiempo hoy. Ja.

martes, 17 de diciembre de 2019

dibujar

Además de volver a dibujar en el teléfono, mientras estuve en Iguazú, dibujé en una libretita. Este año no dibujé tanto como el pasado y espero el año que viene dibujar más todavía. No me alcanzan las manos para tantos planes, y todo lo que significa una pausa ¿del mundo intelectual?, como dibujar o hacer cerámica, me da esa doble sensación de estar en movimiento y estar quieta. Presente tal vez sea una mejor palabra, pero no exactamente. Tengo que pensar más en esta idea todavía.