Ayer a la noche me volví a tomar un rato para sentarme al torno. Mi taller está armado a medias así que esto implica mover algunas cosas para enchufar, poner un tablero para amasar y entonces hay veces en que me cuesta arrancar con toda esa movida. Me propongo un rato de práctica más seguido, a ver si aprovecho este tiempo de horarios extraños para lograrlo.
Intenté hacer unos ejercicios que nos mandaron las profes a todas las alumnas, algunos solo sirven si, como yo, tengo (la suerte y el privilegio) de tener un torno en casa. Qué difícil es empezar una práctica de algo que se supone que un poco sabés, pero querés volver conciente o más responsable. No sé bien cómo decirlo. Hace mil años que hago cerámica. No diría que no sé amasar la pasta. Pero cuando me pongo a prestar atención a lo que estoy haciendo, a tratar de efectivizar los movimientos, a cuidar el cuerpo mientras lo hago, se produce como un extrañamiento de todo y da la sensación de haber retrocedido: "no sé amasar" es lo primero que me sale decir. Es tal vez un equivalente a repetir muchas veces seguidas en voz alta una palabra hasta que pierde totalmente su significado. Solo que acá, para amasar esa sensación de trance es necesaria un poco, y entonces toda esa razón entra en conflicto y rompe el hechizo. Tengo que hacer un esfuerzo de concentración e insistir contra mi sensación de frustración. Creo que mucho no lo logro, pero confío en que es la primera vez y va a ir mejorando.
Con la pasta amasada me siento en el torno y me pongo a hacer el primer ejercicio. Al principio ni entiendo que estoy haciendo. Después me sale. En cuanto me confío y me distraigo, engancho la pasta y chau. Hay que empezar de vuelta. Lo dejo para mañana.
Tengo una pella más amasada y voy a probar una forma que vengo pensando. Casi, pero al final otra vez tampoco me sale. Decido entonces practicar cerrado, a esa altura estoy cerca. El resultado en las imágenes. Me queda a la vez el regusto amargo de que no logré nada de lo que quería, pero a la vez esas paredes se ven bastante bien y me da orgullo haberlas logrado. Así que le pongo un poroto a la práctica y será hasta otro día.

Cuando vi esas hojas de masa que se abrían me acordé de la Princesa Kaguya, y esperaba ver salir a una princesa dormida.
ResponderEliminarTal vez no haya un momento en que se pueda moldear sin ser consciente de lo que se hace. Tal vez sea una práctica que exija al mismo tiempo estar afuera y a la vez concentrado. En todo caso, es un crecimiento a cada paso; eso es evidente.
Y uno valora especialmente que lo compartas. A todos nos pasa que nos sale bien una de cada dos cosas, o una de cada diez. Diez de diez salen bien solamente en un sueño. No, ni en sueños.
Gracias por leer y seguir pensando sobre esto, Jorge. :)
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