jueves, 4 de abril de 2013

Una siesta en Amsterdam

Dejamos París de madrugada y con nieve. ¡Nieve en abril! ¿A quién se le ocurre?
Hermoso paseo nocturno en taxi. Y al tren. De esos comodísimos y veloces.
Antes de media mañana ya estábamos en una Amsterdam gris y helada.

¿Es posible ponerse tantas capas de ropa?
Claro, no solo mi ropa de Buenos Aires no está preparada para este frío, si no que no se suponía que hacía este frío en esta época.
Amsterdam está llena, llenísima -recontra llena- de bicicletas. Pero claro, también de guantes potentes.
Tal vez no es que hace tanto frío (sensación térmica 1°, muy nublado), si no que mi cuerpo venía esperando primavera y se encuentra con el invierno de prepo y lleva unos días aclimatarse. Me aseguran acá que en esta época suela hacer unos deliciosos 15°.

Y sí, hablo mucho del clima.

Amsterdam, por otro lado, en un breve recorrido de mañana, es muy pintoresco y variado. Las caminatas, como en casi toda Europa, se miden en minutos, y todo queda cerca. Lleno de vistas de postales, y en el medio, mucha cosa para el turista adolescentón. Que está lleno también, claro. Y hay canales y bares y boutiques con vidrieras que son obras de arte, y casas torcidas y fuera de escuadra.

Encontramos escrito en una puerta NAT. Y luego en otra pared, y luego en un negocio, siempre en la misma oración. Entonces preguntamos y quiere decir "húmedo", se pone para avisar que la pintura está fresca.
¿Será por eso que las ciudades con canales me caen tan bien?

Dije madrugada y nieve y que llegamos pronto. Así que dimos la primera vuelta por Amsterdam casi sin dormir. Después visitamos una juguetería encantadora, fuimos al súper, almorzamos y ahora toca una siesta. Y luego todo el abrigo posible y más caminata.


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