viernes, 8 de febrero de 2013

Hora de la siesta en la oficina


Hay un momento de la tarde -a esta hora- que pienso que se me va a caer la cabeza rodando. Va a chocar contra el escritorio y va a caer al piso. Se va a frenar contra la pata de un mueble y va a juntar pelusas en el camino. Pelusas que se enredan un poco en el pelo, en las cejas, en las pestañas. Pero, mientras me dejen tener los ojos cerrados, no me importa tener la cabeza tirada y juntando mugre por ahí.
Entonces de tanto tanto sueño y que acá no se puede dormir la siesta pienso cosas locas: pienso que de tanto tanto sueño sería capaz de inventar un vehículo cama, que te espera acá mismo en la puerta, y te metés adentro, y es como un huevito mullido y silencioso, y huele bien y es fresco y suave, y te arrepollás ahí y te lleva hasta tu propia casa, a través del ruido y del calor, y de los amontonamientos horribles de la ciudad. Podés elegir la versión viaje con sueños o viaje sin sueños. Viaje sin sueños la recomiendan si uno está muy muy muy cansado. Entonces dormís profundamente, y con silencio de afuera y de adentro, y te despertás después en la paz de tu hogar, justo a la hora de preparar la cena, por ejemplo. Viaje con sueño es si uno tiene ganas además de entretenerse un poco por el camino, y entonces, a través de las ondas cerebrales que el aparato-huevito-transportador-siestero te detecta, te envía señales de sueños, todos lindos y refrescantes. Dicen que el modelo siguiente de este aparato vas a poder elegir algunas cosas de los sueños. Ahora es un poco azaroso. Te puede tocar uno de aventuras, en esos en que uno parece que no pero es el súperheroe y resuelve todo, encuentra lo que busca, y así, o te puede tocar de esos sueños medio lánguidos pero lindos de mirar, como de burbujas que flotan sobre un jardín florido, y se ve el tornasolado de la piel de la burbuja y se escucha una musiquita encantadora pero no pasa mucho más. Y así, hay infinitos diseños de sueños.
Yo siempre que pienso en tomarme un aparato-huevito-transportador-siestero pienso que me voy a pedir un servicio con sueños y entonces llegar después a casa no solo descansada y fresca de una siesta encantadora, si no también un poco extrañada y maravillada, entusiasmada y contenta de volver, pero también llena de ideas y de cosquillas adentro, como cuando uno vuelve a casa de un viaje a un lugar lejano, como cuando te despertás de un sueño muy vívido, claro, y el primer pensamiento es ah, era un sueño, y esta es mi cama, mi casa, mi cuerpo y todo encaja en este mundo y qué rico que huele la mañana de sol, como cuando uno termina de leer un libro de esos.

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