miércoles, 3 de octubre de 2012

El tiempo

Pasaron las presentaciones, claro. Dieciocho caras nuevas y nombres nuevos e idiomas y nacionalidades y empresas nuevas. Esas primeras horas del primer día de clase tan extrañas. Porque es así, uno ya no tiene seis años y con solo tener el mismo color de zapatillas ya somos amigos como si nada. Y sin embargo, un poco, el primer día de clases, todos tenemos seis años de vuelta y sonrisas y comentarios simpáticos y el inglés se desenrosca y enrosca como puede en algunas frases y vamos entrando en confianza, y un chiste y un gesto amable y un gusto y hasta mañana.
Y al otro día, como una década después, y después del primer viaje en tren y subte y la primera visita a una editorial y reuniones y unas cuadras caminando, como si nada, ya todos somos amigos y nos reímos a cada rato e intercambiamos datos, consultas, anécdotas y así. Y ya pasó como un siglo más.
Como si nada, sí, con naturalidad, aprendemos a estar atentos al grupo completo, a que nadie se haya quedado por el camino, a quien quiere hacer una pregunta, a cómo es en tu país. Y sí, por supuesto, si hace un millón de años que nos conocemos.

Al mismo tiempo, ¿cuánto va? ¿cinco, seis días fuera de casa? ¿tres días de programa? Una noche dormí en el avión, la siguiente en un hotel cerca de la estación central de Frankfurt, la siguiente en el Sportschule, el alojamiento que nos da la feria, la cuarta en un hotel en Colonia.
Puedo llevar la cuenta de los días por estos datos. Dejé mi casa el viernes al mediodía y me parece que fue hace tantos siglos atrás. El pasado como algo de otra dimensión.
Estuve casi tres días sin conexión, justo cuando necesitaba ocuparme de unas cosas de trabajo, y toda una aventura de trasnoche, en Colonia, conseguir un bar con wifi, no fue fácil. Eso, un presente escurridizo y rebelde.
Y la cuenta de los días, también, por supuesto, porque tenemos una agenda de eventos bastante ajustada y vamos de acá para allá, de reuniones y eventos, visitando editoriales y conociendo editores y lugares y ah, la cabeza se llena, los ojos se llenan, las ganas de hacer cosas, la idea de un futuro tan a mano, tan posible de ser llenado con cosas lindas.

1 comentario:

  1. Y al final, la cosa no es tan distinta a cuando tenes seis años.

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