martes, 21 de febrero de 2012

Atendé vos

Casi todos los días me llaman de prosegur a cualquier hora buscando a un tal Rolando para decirle que se le saltó la alarma, los cables, los tapones, que lo persiguen los perros, que la luz ya no es lo que era, que las paredes se vienen abajo, que no puede desenterrar las convicciones, que suena la alarma del mal de amores, que prepare las valijas, que la casa se inunda, que siempre llega tarde y que por más que preste atención, la farolera se cae, irremediablemente. Rolando ni se entera y yo a los saltos con tanta noticia desafortunada.

Posta, Rolando sigue como si nada con su teléfono equivocado.

Y yo que no puedo no pienso ni sabría atender sus incendios, dejo que el mundo de Rolando se venga abajo un poco más cada día. Rolando en las profundidades y su teléfono que no suena.

Te haría un omelette, Rolando, para que el mundo te empiece a resultar un poco mejor, más amable, queso y huevo frito, no puede fallar. Pero con tu suerte, Rolando, seguro se incendia la sartén, el plato, tu pelo, mi pelo, la casa, mejor no, nada de omelette, comete una fruta.

Rolando sentado al lado de su teléfono que no suena para la desgracia, esperando un omelette que nunca llega.

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